F**k the Queen
A lo mejor se nos han olvidado muchas cosas.
Quizás, por no usarlas, como suele pasar con otras tantas.
Sin embargo, hay determinadas creencias que las tenemos tan interiorizadas que son casi parte de nuestra piel, como la obediencia, las formas, el saber estar, las notas, el futuro profesional, el de poseer determinados bienes que asegurarán tu supervivencia y la de tu familia…
Pero la bofetada de realidad de ‘I Swear’ es tan grande que, al menos durante dos horas, te hace entender que nos hemos equivocado. Que al haber invertido el orden de prioridades hemos cometido una gran cagada como sociedad. Que nos hemos empecinado en conseguir un status social totalmente alejado de la condición más importante del ser humano, la de ayudar al otro.
La de entender que hay otras realidades, otras formas de sufrimiento que se camuflan entre nosotros precisamente por ese sentimiento de vergüenza, miedo y rechazo que hemos generado nosotros mismos.
Todo esto lo ves con los ojos empañados en lágrimas, pero también entre risas, tics, insultos y toda clase de improperios que actúan como una bocanada de aire fresco para hacernos ver que nada es tan importante.
Por suerte, entre nosotros sigue habiendo personas como Dottie que son capaces de ignorar el rechazo social para atender de una forma sincera, amable y bondadosa el reclamo de John, que sólo pide amor y comprensión.
John personifica a todas esas personas que sufren la enfermedad de Tourette y Dottie es el antídoto. La dosis exacta de humanidad para que todas esas personas puedan vivir felices, si el resto de nosotros podemos permitirlo…
Sin todavía levantarte de la butaca ves que la solución la tenemos delante de nuestras narices. Hacer oídos sordos al qué dirán y poner en altavoz a todas esas personas que necesitan, más que nadie, ser escuchadas.
Si la reina de Inglaterra pudo tragarse un ‘Fuck the Queen’ en su cara, ¿por qué nosotros no podemos pasar por alto esos desacatos sociales totalmente involuntarios?

